TOROS EN HIGUERA LA REAL, EN EL SIGLO XVII Y XVIII
A juzgar por la existencia de libros de cuentas, altares, retablos o simplemente de lienzos de Ánimas localizables en cualquier iglesia parroquial, esta cofradía gozaba en todas partes de gran popularidad y arraigo. También en Higuera la Real contó con altar y retablo propios. Aunque no ha llegado hasta nosotros, sabemos que en 1717 la cofradía levantó un retablo nuevo. Afortunadamente el archivo parroquial (1) guarda un libro de cuentas de esta cofradía que abarca desde 1692 hasta 1725. En este libro hemos descubierto lo que buscábamos: datos sobre festejos taurinos como los habíamos localizado en Monasterio, Montemolín, Fuentes de León, Fregenal de la Sierra o Segura de León. Llamaba la atención el hecho de que los apuntes de toros comenzaban ya en 1692, sin que sepamos la causa última, aunque podamos suponer que tal interrupción está relacionada con las sucesivas prohibiciones borbónicas que comenzaron a caer sobre los toros desde el comienzo mismo del reinado de Felipe V. Lo extraño del caso de esta cofradía es que resulta demasiado temprana la interrupción referida; lo más frecuente es que las cofradías sigan organizando corridas de toros en todas sus variedades al menos hasta 1785, año de la prohibición más efectiva de cuantas venían cayendo sobre los toros ya desde época medieval. De todas formas, gracias a los apuntes disponibles, tan escasos como valiosos y gracias a los que conocemos en muchos pueblos de la comarca, documentamos la tradición taurina de Higuera, según exponemos a continuación. Ya en los apuntes de la primera cuenta de 1692 se anotan cargos y datas, es decir, ingresos y gastos, relacionados con esas celebraciones taurinas. Los ingresos se originan en la venta de la carne y piel de los toros lidiados y los gastos se deben a la compra del toro, cuando no es de limosna, a la conducción de la madera para los tablados y barreras de la plaza, el pago a vaqueros por la conducción del toro y la capea, y al encargo de pesar, cortar y distribuir las raciones de carne del toro lidiado. EL COSO Como en otras poblaciones, Higuera la Real levantaba su arquitectura de madera en la plaza pública, hoy de la Constitución, presidida por los dos centros simbólicos de más relieve social como la Parroquia y las Casas Consistoriales. El bien proporcionado paseo o espacio murado, que hoy ocupa casi todo el espacio de la plaza, debió levantarse una vez que Higuera contó con plaza exclusiva para corridas de toros, tal como sucedió en Llerena, Fregenal, Bodonal, Cabeza la Vaca o Fuentes de León por poner sólo unos casos cercanos. Este espacio era acondicionado de forma semejante a como todavía se sigue haciendo en Segura, que como se sabe, ha conservado en gran parte la forma tradicional de celebrar festejos populares de toros. Ya en las cuentas de 1692 de la cofradía de Ánimas de Higuera se apuntan “doce r[eale]s que pago [el mayordomo] de juntar la madera para hacer la barrera para el toro que se lidio en el año de la quenta” (2). Igualmente en la de 1722 se anotan “cincuenta y cinco reales... de aver gastado en las persona que hizieron barreras...”. Este mismo año consta el siguiente interesante apunte: Faltas de madera. Ytem fue data 44 r[eale]s que pagaron al P[adr]e Retor por ocho maderos que faltaron en la plaza que los que se traxeron del Colegio para dichas barreras”. De todo ello deducimos que la madera, de pino seguramente, la aportaban los vecinos y se encargaba de recogerla la cofradía o cofradías organizadoras; según parece deducirse del anterior apunte, los jesuitas aportan también maderos para las barreras, la cofradía paga por los ocho que faltaron o se extraviaron a la hora de devolverlos a sus propietarios. Aunque sólo se nombran las barreras, podemos legítimamente pensar en que también se levantaron tablaos o bóvedas como se anota en Cabeza la Vaca, Cañaveral de León, Cumbres Mayores, Fregenal, Fuentes de León, etc. Evidentemente ventanas, balcones, terrazas y tejados de las casas fronteras a la plaza, eran sitios aprovechados por los espectadores; incluso hemos documentado en Cañaveral de León la costumbre de remover las tejas de las cubiertas de las casas vecinas o de la propia iglesia parroquial en Monasterio. LA PROCEDENCIA DE LOS TOROS. MOZOS Y CASADOS. En la mayoría de los casos, los toros que se lidian y se matan, se especifican como de limosna a la cofradía. Así el toro de 1692, el toro se lidio de limosna de algunos v[ecino]s de esta villa dieron. En 1699, se lidian dos toros que dieron de limosna a las Animas Benditas. Téngase en cuenta que una de las puertas que dejaron abiertas las sucesivas prohibiciones era que las corridas tuvieran una aplicación o utilidad religiosa; ya que en 1519 Montemolín había ganado un pleito contra la Inquisición de Llerena logrando que se permitiera correr toros y otras actividades cofrades para el sostenimiento de sus cuatro ermitas y cofradías; de ahí que en otro tiempo se extreme el cuidado de hacer saber que el toro es de limosna para el sostenimiento del culto de la cofradía. Como en otras poblaciones de la comarca, las reses toreadas las sirven los ganaderos de la propia localidad. En las cuentas de 1707 se paga el toro a Pedro Vázquez Bravo, y en la de 1708 vuelve a pagarse al mismo ganadero, especificándose en esta segunda fecha que es vecino de esta villa. Pueden proceder también de la propia vacada de la cofradía, pues es posible que, como otras muchas, la tuviera, ya que se anotan donaciones de becerros y becerras a la misma. Conocíamos la costumbre de otras partes (Bienvenida, Cabeza la Vaca, Fregenal, Fuentes del Arco) de que los mozos, es decir, los jóvenes solteros, se juntaban para reunir dinero con que pagar el toro y darlo de limosna a una cofradía para su lidia y muerte. En el caso de Higuera la beneficiaria de tal costumbre resulta ser la cofradía de Ánimas. Tal circunstancia se anotan en 1715 y en 1717. Sin embargo en 1722, 1723 y 1724 son los casados los que dan la limosna del toro a las Ánimas; podemos suponer que se trata de los mismos mozos ya pasados por la vicaría. En cualquiera de los dos casos lo que quedaba es la arraigada afición taurina del cuerpo social, que pasa como puede por encima de las disposiciones reales. Téngase en cuenta que en Madrid no se celebraron corridas de toros entre 1701 y 1725 por prohibición de la majestad real de Felipe V, por estos datos disponibles, Higuera la Real siguió celebrando las suyas, a pesar de todo lo dispuesto. CONDUCCIÓN Y MUERTE DE LAS RESES A la plaza llegaría el ganado conducido desde la dehesa por alguna calle que desembocan en ella, y en alguna otra se prepararía el toril, desde donde en su momento se soltaba al toro de muerte, y a los demás toros y vaquillas o cabestros, que seguramente también serían capeados y luego devueltos a la finca de origen, es la costumbre documentada en todos los pueblos de nuestra comarca, hasta en los más pequeños como el caso de Cañaveral de León. La cofradía anota gastos por el pago de vaqueros que conducen la capea hasta la plaza, y posiblemente por intervenir en la muerte del toro, como consta que ocurría en Badajoz en 1746, p.e. Es cierto además que en la época de estas cuentas aún tenía preeminencia el toreo a caballo sobre el de a pie, los caballistas ponen rejones y banderillas y ejecutan otras suertes arriesgadas y que no se practican en la actualidad y matan a los toros a la garrocha, aunque poco a poco el toreo a pie y la muerte a estoque se irán imponiendo, dejando de lado el toreo caballeresco de tradición medieval. Por otra parte, a estas alturas el toreo también se hace de forma multitudinaria o capea, y en muchos casos la muerte del toro. Todavía no estaban establecidas las suertes como hoy las conocemos. LA FECHA DE LOS FESTEJOS TAURINOS No se concreta en los apuntes fecha alguna de las corridas celebradas. Podría ser muy bien algunos de los domingos anteriores o posteriores al 2 de Noviembre, festividad de los Difuntos; pero no se excluye que la cofradía organizara los festejos taurinos de las propias festividades patronales, como pudieran ser el día del Cristo o Señor de la Humildad, como por los mismos años sucede en los casos de las poblaciones cercanas de Segura y Fregenal por ejemplo. Otra fecha muy propicia bien podría haber sido la del Hábeas, una de las más celebradas del calendario anual de todos nuestros pueblos. Téngase en cuenta que muchas cofradías, de cuyos libros de cuenta carecemos en el caso de Higuera, celebraban sus fiestas patronales organizando el festejo de más honda tradición hispana como es el de los toros en todas sus variedades. Aunque siempre el verano ha sido y es el más propicio para los festejos taurinos, una población en años de bonanza podía celebrar toros a lo largo de todo el año, incluido los meses menos taurinos como son los de otoño e invierno, ya que en ellos caían fiestas de tanto relieve como la Inmaculada Concepción en diciembre, San Antón en Enero, o San Blas y los propios carnavales en febrero. Todo dependía de la pujanza económica de la cofradía o de las circunstancias. En la actualidad podemos comprobar, por ejemplo como en diversas poblaciones de la Comunidad Valenciana aún se organizan toros de los llamados populares en pleno Diciembre o Enero. Hay que decir además que otro de los efectos comprobados de la referida prohibición de 1785 fue la reducción drástica de los festejos taurinos en todos nuestros pueblos, hecho favorecido además por la desaparición de muchas cofradías históricas al hilo de los procesos desamortizadores potenciados y culminados a lo largo del siglo XIX. Andrés Oyola Fabián |