LA RESTAURACIÓN DE LAS TABLAS DE MORALES

La restauración de las Tablas de Morales de nuestra Parroquia, uno de los grandes tesoros artísticos de nuestro pueblo, ha dado pie al presente artículo que recoge el proceso seguido para su recuperación total. A tal fin nos hemos dirigido al equipo de restauración que llevó a cabo dicha labor.

Angeles y Gracia, de la empresa GOTICO RESTAURACIÓN DE OBRAS DE ARTE de Cáceres, han realizado la tarea que hoy podemos apreciar en la Parroquia de Sta. Catalina.

Las tablas, encargadas por el clérigo Ginés Martínez, en octubre de 1.565 y realizadas por el taller de Luis de Morales con participación de este en las manos y rostros en 1.566, sufrieron diversos avatares que casi acaban vendidas a particulares durante el siglo pasado, siendo por fin devueltas a su origen en 1.893.

A continuación las restauradoras nos exponen el proceso seguido en la rehabilitación de estos cuadros que podemos admirar a diario.

 

Dada la gran belleza y extraordinaria calidad de la obra la premisa fundamental a la hora de acometer los trabajos de restauración fue la del respeto. Había que cumplir varios objetivos, en primer lugar detener los procesos de deterioro y en segundo lugar devolver a la obra su esplendor original, todo ello manteniendo su pátina de antigüedad ya que el tiempo es un valor añadido que da carácter a la obra y sin caer en añadidos o falsificaciones.

Con respecto al estado de conservación que presentaban las tablas los principales problemas eran, con respecto al soporte, un ataque de insectos xilófagos, en la actualidad no activo, que había motivado que en una anterior restauración se rebajara el grosor de la madera a menos de la mitad de su grosor original. Esto había provocado la alteración del sistema original que mantenían unidas las distintas piezas que constituyen cada tabla, impidiéndoles los libres movimientos de contracción y dilatación. A esto hay que añadir la acumulación de polvo, suciedad superficial y gran cantidad de excrementos de murciélagos que habían llegado a decolorar la madera.

En lo que respecta a la policromía los principales daños se resumían en fragmentos con un cuarteado de bordes levantados que implicaban inminente peligro de desprendimiento, desprendimientos pequeños pero generalizados que afectaban sobre todo a las uniones de las distintas piezas que componían cada tabla, barnices oscurecidos y degradados que apagaban la viveza del color y por último repintes realizados en una anterior restauración y que intentaban ocultar las pérdidas de policromía original. Estos repintes eran especialmente abundantes en el cuadro de la Quinta Angustia donde los retoques sobrepasaban los límites del desprendimiento ocultando fragmentos de pintura original e incluso intentando camuflar el cuarteado.

Examinados los daños de las piezas que componen este pequeño retablo, los criterios de intervención que se ajustaron fueron desglosados en dos áreas. La
primera hace referencia al soporte, a la limpieza (del polvo, suciedad, arenilla y excrementos), tratamiento de la madera con productos preventivos de los xilófagos, se dejaron las uniones de los distintos elementos saneadas y a la vista, con la separación precisa para facilitar los movimientos de la madera y se aplicó cera para nutrir y proteger el soporte de la humedad.

En cuanto a los listones se eliminaron los elementos fijos colocando un sistema de listones móviles de roble antiguo.

Con respecto a la policromía se limpió la superficie con brochas suaves, fijándose el cuarteado mediante inyección de colas naturales (favoreciendo su penetración mediante infrarrojos y planchado) para, a continuación, eliminar la primera capa de barniz mediante hisopos de alcohol. Una vez llegados a este punto se procedió a localizar con ayuda de una lámpara de luz ultravioleta todos y cada uno de los múltiples repintes y retoques no originales que presentaban las obras, para proceder a eliminarlos con disolventes adecuados dependiendo de su dureza. A continuación se procedió a una última limpieza de los barnices originales que se encontraban muy degradados y oscurecidos, apareciendo una delicada gama de verdes, grises y azules, potenciándose la delicadeza de los pliegues de los ropajes y las sutiles pinceladas de los cabellos.

Finalizados estos trabajos conseguimos llegar al punto de que toda la superficie pictórica que aún perduraba era 100% original, saneada y paralizados los procesos de deterioro.

El problema al que nos enfrentábamos en este momento era la existencia de zonas donde la pintura se había perdido, existiendo lo que en términos de restauración se denomina lagunas, afortunadamente estas lagunas se localizaban principalmente en los fondos no afectando a zonas digamos vitales de la composición. La solución por la que se optó como criterio de reintegración del color fue la de aplicar el mismo mediante un finísimo punteado de acuarela (por ser ésta una técnica reversible e inalterable) dividiendo el color en sus distintos componentes de manera que una visión a corta distancia de la obra permite delimitar perfectamente las reintegraciones de lo que es original, pero desde la distancia media del espectador queda todo el conjunto integrado.

Finalmente, se barnizaron las tablas mediante pulverizaciones de barniz para conseguir la protección y el brillo adecuados.

En nuestra trayectoria profesional recordamos el retablo de Higuera como una de las obras en la que verdaderamente hemos disfrutado en la realización de nuestro trabajo, nos llena de orgullo haber entrado a formar parte de la historia de las tablas y haber puesto lo mejor de nosotras mismas en hacer que una obra de tal categoría recupere su belleza y pueda ser admirada por generaciones futuras.


Angeles Penis Rentero
Gracia Sánchez-Herrero Rosado

Restauradoras de Obras de Arte
Empresa: Gótico Restauración
Revista La Higuera, Año I-Nº 2