Recinto fortificado en Higuera la Real (Badajoz)
Aportación al sistema defensivo prerromano en la baja Extremadura


En frexenal de la sierra
nasciyo desventurado
enmaúvoloplaneta
en signomal costellado
en la provincia desestremo
al pie del cerro tiznado
conlos algarves confina
allusitano collado...

(V Díaz Tanco. Los veinte triunfos, s. XVI)


INTRODUCCIÓN

La existencia de este tipo de asentamiento en lugares altos, estratégicamente situados, parece tener, desde su origen, una finalidad de dominio sobre el territorio y de sus fuentes alimenticias, agua y caza sobre todo. Es la consecuencia de un hábitat estable o seminómada detectados ya en épocas remotas neolíticas, aunque escasamente documentadas por falta de datos seguros. Es a partir del Bronce Medio y Final cuando se dispone en la Península de datos objetivos sobre su construcción y aprovechamiento (1). La adquisición en estas sociedades de un cierto grado de complejidad, las habrían llevado a la necesidad de una delimitación mayor y más clara de sus respectivos territorios (2). Aparece entonces otro tapo de necesidad estratégica de carácter defensivo, cuya complejidad y desarrollo se acrecientan a partir de los movimientos migratorios centroeuropeos, ocurridos a lo largo del primer milenio y de las sucesivas invasiones del nuestro territorio hasta la conquista romana. El carácter defensivo de estas construcciones, llega a tener una importancia vital para los pueblos, si tenemos en cuenta la multitud de tribus y etnias que se reparten por toda la Península y no siempre con buenas relaciones entre ellas. Del mismo modo se siguen construyendo estas torres o fortines en los lugares más aptos o aprovechando los ya existentes, a la vez que se aplacan mejoras técnicas y nuevos elementos de construcción, como la piedra. A este respecto, le debemos a Tito Livio la información de que los griegos enseñaron a los celtíberos el arte de construir torres y fortalezas y añade: "Multas et locis altis positas turreis Hispania habet, quibus et speculis et propugnaculis adversus latrones utuntur" (3), transcripción que difiere algo con la que da García Bellido sobre el mismo asunto: "Multas et locis positas turres Hispania habet, quibus et speculis et propugnaculis adversus latrones utuntur" (4) aunque el sentido es el mismo: " España tiene muchas torres colocadas en lugares altos para observar y defenderse de los ladrones enemigos".

Efectivamente, estas construcciones, propias de nuestra más antigua arquitectura militar, se extendieron como ya se ha dicho por toda la Península, tanto por las costas como por el interior, desarrollando funciones propias según su emplazamiento y realizando señales con algún significado previamente establecido. Utilizando el fuego, el humo, cualquier superficie bruñida o propiamente espejos, podían comunicarse casi instantáneamente unas con otras y poner en aviso, sobre cualquier peligro o acontecimiento, a amplias zonas de población. De tal forma que podían estar aisladas o asociadas a núcleos más o menos urbanizados, en nudos importantes de comunicación o como observatorios de territorios de gran amplitud (5), y visibles entre sí..

Los historiadores griegos y romanos, a los que debemos las primeras fuentes escritas, justifican en un principio, la proliferación de estas torres-atalayas al llamado "bandolerismo lusitano" cuya situación social endémica les impulsaba, periódicamente, a realizar saqueos muy lejos, a veces, de sus propios límites fronterizos (6). La invasión cartaginesa y la posterior declaración de la Segunda Guerra Púnica con Roma (218-204 a. C.), impulsaron también dichas construcciones. Precisamente Tito Livio y Plinio atribuyen a los cartagines guerras annibálicas la proliferación de estas fortificaciones. Desde entonc conoce con el nombre de "Turris hannibalis" o torres de Aníbal (7) (8).

Otros historiadores como Diodoro Sículo, Strabón, Poseidonios o Polibio nos informan también sobre estas torres. Incluso sirve de burla entre ellos el hecho de que Polibio informara que el pretor Tiberio Graco había destruido, en una de sus campañas, trescientas ciudades a los celtíberos (179 a. C.). Cifra que Strabón considera exagerada y que según su opinión, se debe al intento de halagar al pretor llamando ciudades a simples torres (9), (10) sea como fuere, es un dato que confirma el ofrecido por T. Livio acerca del elevado número de este tipo de recintos fortificados.

Aparte de las desgracias y destrucciones de la guerra, este pretor, T. Sempronio Graco, estableció las primeras bases de pacificación y los cimientos de la romanización instaurando un período de paz de treinta años. Acabado este periodo vuelven las guerras celtibéricas (154-133 a. C.) y las lusitanas (155-138) en las que intervienen personajes y ciudades míticas. Entre ellos Viriato y Numancia (11). Este momento histórico es definitivo también para nuestra comarca que se ve envuelta en las guerras lusitanas. El enclave central, Nertóbriga, es tomado al asalto (152 a. C.) por Marco Atilio cuando sus legiones volvían de una expedición contra los lusitanos para invernar en Córdoba. Este episodio tuvo que afectar al cercano poblado de Capote v a otros castros del entorno. Su excavador Luis Berrocal ha podido establecer una cronología de amortización del llamado "Altar" en torno a la primera mitad del siglo II a. C., en el que se celebró un festín en vísperas de un momento extraordinario como podría ser un inminente asalto romano y por último un abandono súbito del castro y su ocupación y saqueo por parte de los vencedores. Estos 14 hechos de castigo hacia las poblaciones beligerantes pudieron significar su desaparición definitiva. Para Capote fue un duro golpe y terminó siendo abandonado sin dejar apenas huellas de romanización. Años después, la población indígena romanizada continuaba realizando ofrendas en el antiguo poblado como se ha podido documentar gracias a la localización de un depósito votivo fuera de las murallas. Este hallazgo podría hacer suponer que se siguiera considerando a Capote como lugar de culto. Nertóbriga corrió distinta suerte. La política colonizadora y centralista de Julio César la convirtió en municipio romano con los cognomina Concordia lulia (12), (13), (14) un siglo después.



DESCRIPCIÓN

Este recinto fortificado está situado al Oeste de Nertóbriga con laque forma un valle de unos seis Kms. de longitud Y ocupa un cerro al Este y en las cercanías de Higuera la Real, desde donde no parece muy prominente. antiguo camino o cordel Domina, sin embargo, una zona de amplísima visión. De emplazamiento mixto según la tipología propuesta por Luis Berrocal o en espolón (15), resulta casi inexpugnable por la vertiente norte, con taludes entre los 5 y 6 metros de altura, fuertes pendientes y amurallado. Las demás zonas de acceso son más suaves y debieron estar defendidas por varias líneas de muralla aún perceptibles. De dicho emplazamiento se conservan, en la zona más alta, los cimientos de la torre, con piedras de tipo ciclópeo que sobresalen del suelo hasta más de 50 cms. según las zonas. De forma cuadrangular sus lados miden 12'5 x 10'5 m. aproximadamente, siendo la anchura máxima del muro de 1'30 m. (LAMINA I). Se observan en superficie abundantes restos romanos (tégulas, pesas de telar, y grandes vasijas), indicio de haber seguido siendo utilizado durante la romanización, bien con la primitiva función de vigilancia, control y ahora de apoyo a Nertóbriga, como "villa" productiva en una Hispania pacificada o ambas cosas a la vez. Pero ¿y anteriormente? ¿Formó parte del sistema defensivo de pueblos prerromanos o fueron levantados durante o después de la conquista?. Mi opinión la expreso en el título de este artículo. No solamente este recinto, sino otros muchos, formaron parte de una red de estancias fortificadas de diverso tipo cuya función y utilidad está siendo sometida actualmente a discusión y a distintos criterios de interpretación por parte de los arqueólogos (16). Sin embargo, cualquier interrogante debe resolverse con la excavación sistemática y contraste de sus registros.

Quisiera referirme, por último, a la existencia documentada de otra posible torre, fortín o castellum (17) que estaría situado en la sierra de la Atalaya, también en el término de Higuera la Real. La noticia la da Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico y es recogida por Ma Ángeles Alonso Sánchez en su obra citada. Posteriores ediciones del Diccionario nada dicen al respecto. La más antigua referencia la debemos, no obstante, a Tomás López en 1.798 (18) que la incluye en un mapa en la zona aunque sin alusión en el texto. Las prospecciones que se han realizado para su localización no han dado resultado positivo.


Aurelio Salguero Marín
Higuera la Real, mayo de 1999
NOTA: Este artículo fue publicado en la revista de Feria de Higuera la Real en Septiembre de 1995 y revisado en Mayo de 1999.
Revista Cultural La Higuera Año I- Nº 1


BIBLIOGRAFÍA

  1. Montón Broto, R (1984). "Evolución de los asentamientos antiguos...". Arqueología espacial, 2, Teruel 21-30.
  2. Rubio de Miguel, I. (1989) "El Neolítico Peninsular. Una interpretación de los datos arqueológicos" CUPUAM, 16, 11-35.
  3. Gebhardt, V. (1863) "Historia General de España y de sus Indias" T. Livio 1, XXII, pág. 34.
  4. García Bellido, A. (1982). "Historia de España". R. Menendez Pidal, V. 1-3, T, Livio XXII, 440.
  5. Alonso Sánchez, Mª A. (1988). " Fortificaciones romanas en Extremadura: la defensa del territorio". UEX, 34-35.
  6. Cara Baroja, J. (1981). "Los Pueblos de España, 1" Madrid, 332-ss.
  7. García Bellido, A. op.cit. 414-22.
  8. García Bellido, A. (1983) "España y los españoles hace 2.000 años". Según la Geografía de Strabón III, 4, 13.
  9. García Bellido, A. "Historia de España", Op. c.440.
  10. VV.AA. " Gran Historia de España" (1986) V.2, 72-ss.
  11. Berrocal Rangel, L. (1992) "Los pueblos célticos del S.O. de la Península Ibérica" Complutum 2, Madrid, 278.
  12. Berrocal Rangel, L. (1994) "El altar prerromano de Capote". UAM, 44-45, 255-276.
  13. Berrocal Rangel, L (1991) "Avance al estudio del depósito votivo alto-imperial del Castro de Capote". Extremadura arqueológica II.
  14. Berrocal Rangel, L. "Los pueblos célticos ..." Op. cit., 205.
  15. Ortiz Romero, P. (1995) "De recintos, torres y fortines: usos (y abusos)". Extremadura Arqueológica, V. Cáceres- Mérida, 177-193.
  16. Berrocal Rangel, L. (1994) "Oppida y Castros de la Beturia Céltica" p. 189-241, en "Castros y oppida en Extremadura", Edit. Martín Almagro y A. Mª Martín, Complutum extra, 4 Madrid.
  17. López, T. (1798) " La provincia de Extremadura al final del s. XVIII" Junta de Extremadura, Reedición 1991, pág. 247.