PERSONAJES ILUSTRES

 

DON FRANCISCO FERNÁNDEZ DÁVILA :

Nace en 1.605 Don Francisco Férnandez Dávila, en el seno de una familia muy principal de Higuera la Real. Se dedicó a las armas, reputándosele como el mejor oficial del ejército mandado por el marqués de Montemar a la guerra de Italia, a la que fue con apenas 22 años, sobresaliendo en las batallas de Bonito, Parma, Guastalla y Nápoles. Al disolverse aquel ejército por la Paz de Aquisgrán, Fernández Dávila regresa a España para prestar sus servicios junto al rey Fernando VI. A la muerte de este monarca, ocupará el trono Carlos III, durante cuyo reinado se inicia la guerra contra Inglaterra y Portugal, por el llamado "Pacto de Familia". Así, los ingleses se apoderaron de la Habana, la Trinidad y Manila, pero España derrotará a la escuadra inglesa y conquistará la colonia de Sacramento. Durante esta guerra, fueron enviados ejércitos a toda América, uno de ellos mandado por Fernández Dávila, para reforzar América Central, fijando su residencia en la ciudad de los Reyes. Va a preparar la defensa del país, levantando muros y parapetos en Lima, Cartagena y otros puertos estratégicos, hasta que la Paz de Fontenebleau puso fin a estas contiendas.

Durante su estancia en tierras americanas, cuando navegaba en 1.631 en el mar del Sur, desde el puerto de Callao al de Perico, de la ciudad de Panamá, la nao almirante en la que iba sufrió un naufragio, tal como él mismo escribía : "embarcado con la plata que llevaba de mi cuenta, y porque ésta pareciese y mi vida no peligrase, hice promesa al Santo Cristo de la Humildad, que está en la iglesia de mi padre San Bartolomé de la villa de la Higuera, mi patria, ofreciéndole por tiempo de diez años el tercio de lo que ganare, para hacerle la iglesia nueva, y fundar allí un Colegio de Padres de la Compañía de Jesús, para la enseñanza de los niños, hijos de vecinos de la dicha villa y de los demás lugares comarcanos a ella, de escuela y de gramática." De este modo, Fernández Dávila, en cumplimiento de su promesa, va a fundar varias obras pías, edificándose a su costa el Convento de Jesuitas, dotándolo de todo lo necesario para doce congruas (rentas que debe tener el que ha de recibir órdenes sagradas), y destinando para ello 69.226 pesos de plata doble, al igual que el templo de San Bartolomé, para el que dona 66.000 pesos de plata doble.

Se casó con doña Luisa Fernández de Córdoba, quien donó la custodia de plata que tiene dicha iglesia y, en 1.680, una lámpara grande de plata, a la que acompaña, en el lado de la Epístola, otra donada por su hermana doña María en 1.682. El general Fernández Dávila regresará a su patria en la embarcación "Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo", Capitana de Galeones, muriendo en el mar el 5 de marzo de 1.673, nombrando albacea de su testamento al Almirante don Diego de Ibarra, Capitán General de la Armada, con el que venía embarcado. Don Francisco Fernández Dávila tenía el hábito de Santiago, y - como era costumbre en su tiempo -, se le va a dar sepultura en el mar, armado caballero, al día siguiente de su fallecimiento, siendo enterrada su mujer en el convento de los Jesuitas fundado por su esposo.

 

DON TOMÁS GARCÍA DE CÁRDENAS :

Con respecto a Don Tomás García de Cárdenas, no hay otra persona en la que se cumpla mejor el proverbio que campea en el altar de Nuestro Padre Jesús de la Humildad : "GLORIAM PRAECEDIT HUMILITAS" ("La humildad precede a la gloria"). Y en efecto, este ilustre General, al que Higuera le dedicó una calle, vio la vida en nuestra localidad el 23 de Junio de 1.615, de una familia humilde y sencilla. Su abuelo fue mozo de labor, y su padre sastre, cuyo oficio seguía García de Cárdenas en 1.633, cuando huyó de su casa y entró al servicio de un buque de guerra que se aparejaba para marchar a las aguas de Cartagena. Casado con doña Josefa de Villarreal, cuenta la tradición que, antes de marcharse del pueblo, clavó su aguja de sastre, de modo simbólico, en la "Portada de Melo", no regresando hasta conseguir el Generalato.

Las peripecias de este marino, desde soldado a General, no pueden referirse en tan corto espacio. Y así, nuestra Armada no registra un suceso importante, desde 1.633 hasta 1.677, en el que no figurara su nombre. Realizó treinta y siete viajes a las Américas y Filipinas , treinta y tres de ellos de ida y vuelta ; asistió a cerca de cien combates de mar en las costas de Holanda, África, América, Argelia, Portugal y los mares de Oceanía, saliendo victorioso en todos ellos. Durante sus últimos años, fue destinado a Filipinas, como General de las Reales Galeras de Manila, donde prestó grandes servicios, sosteniendo a gran altura el pabellón nacional, frente a los actos de piratería, y las frecuentes invasiones inglesas y holandesas en disputa de nuestros dominios en Oceanía.

Emulando a su paisano el capitán Fernández Dávila, fundó tres capellanías servideras de la Iglesia Parroquial de Santa Catalina Mártir, aplicando para su mantenimiento la suma de 18.000 pesos de plata doble, que sus encomenderos enviaron desde México en sucesivas misivas desde 1.670 a 1.676. Realizó también importantes donaciones a la Parroquia de Santa Catalina, que aparecen reseñadas en sus cartas, entre las que se conserva una breve colección de marfiles de incuestionable interés artístico, llegados a la Parroquia en torno al año 1.674, y a los que se alude con más detalle en el apartado de esta guía dedicado a la Iglesia Parroquial de Santa Catalina, así como una hermosa lámpara de plata, construida en 1.677 por el maestro zafrense Lorenzo Merino Gallo, por valor de mil pesos de plata doble. Falleció García de Cárdenas en 1.677, en Manila, y según el testamento por él otorgado, se denominaba "General de las Reales Galeras de la guardia y custodia de las islas Filipinas y vecino de Manila", y en él dejó una cuantiosa fortuna a su familia, además de las capellanías fundadas en Higuera la Real, que fueron disfrutadas por sus descendientes.

 

OTROS :

Otros personajes ilustres tuvo nuestro pueblo en distintos campos, como D. JOSÉ MARÍA CLAROS JARILLO, diputado en las Cortes, donde destacó como gran orador, e impulsor del aprovechamiento de los niños en las escuelas públicas, concediendo premios semanales por la asistencia y aplicación. En reconocimiento a su labor, se le dio su nombre a la antigua calle Olmos.

También fue un personaje destacado, aunque malogrado prematuramente, cuando - en plena juventud - preparaba sus oposiciones a cátedra, D. JUAN HERNÁNDEZ CASTILLA, que como poeta y periodista dejó merecido renombre en la capital de la provincia. En cuanto a su labor periodística, la desempeñó en "El Noticiero" y en el "Correo Extremeño", y como poeta, sus versos, sonoros y armoniosos en obras como "El juglar de la raza", religiosos en otros casos, como en su poesía a la Virgen de la Piedad, nunca estaban exentos de delicadeza y emotividad. También fue reconocido con la concesión de la anteriormente denominada calle Llanos.