EL CASTRO CELTA DE CAPOTE
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PROYECTO EXCAVACIÓN Y MUSEALIZACIÒN
Localización y descripción.
Alcanza una cota de 445 m. sobre el nivel del mar, inferior a las de los cerros cercanos, que no superan los 535 m. Sus laderas son muy escarpadas, llegando a alcanzar los 30 y 40 m. en forma de barrancos con afloramientos rocosos. El hecho de que este unido por uno de sus extremos a una loma cercana hace que se asemeje a una península.
En su subsuelo, se localizan calizas con nódulos pizarrosos que con escasos metros de altura dan paso a pizarras carbonatadas y estas a su vez a una alternancia de pizarras y areniscas que definen la formación.
El poblado está incluído en la cuenca meridional del Guadiana, dentro de las vertientes que llevan sus aguas al Ardila, afluente del Guadiana. Tanto el arroyo del Sillo, como su aporte El Álamo-Moriano, son corrientes del Múrtiga, arteria meridional importante del Ardila. Ambos arroyos de régimen torrencial.
Históricamente, este castro estuvo localizado en la zona central de una comarca cuyo nombre, transmitido por los romanos, fue el de Beturia, habitada por pueblos célticos.
Descubrimiento.
Las actuaciones arqueológicas.
El proceso de excavación pretende hacer de Capote un centro arqueológico de interés cultural, turístico y económico de primera importancia, el emblema de la rica, bella y desconocida comarca que conforman las tierras del río Ardila.
En Septiembre de 1987, se realizan nuevos sondeos que permiten observar la monumentalidad de las construcciones conservadas en la muralla y la acrópolis, cuyas cerámicas se fechaban a mediados delSiglo I a. C., período que complementa el hiatus cronológico del Castrejón de Capote ( 100- 90 a.C. al20- 15 a.C.
Hallazgos fortuitos y resultados de prospecciones, han ido aumentando las piezas arqueológicas y yacimientos que permiten recomponer las fases de la Prehistoria de esta Comarca, en especial en las tierras circundantes a Nertóbrija. Entre éstas, se han descubierto varios sepulcros dolménicos, en Valencia del Ventoso, Higuera o Encinasola, así como los únicos menhires que conocemos en esta comarca, hallados en tierras de Fregenal.
Posteriormente, durante una Segunda Edad del Hierro, entre el siglo V y mediados del I a.C., se desarrolla una potente época prerromana. En principio motivada por el comercio púnico, responsable de la aparición de las cerámicas áticas y continuada con la masiva presencia de los primeros materiales itálicos, a mediados del siglo II a.C., esta nueva época se caracteriza por la abundancia numérica de sus asentamientos.
La notable profusión de yacimientos fechados de este período aboga por una ocupación intensiva y dispersa del territorio.
En Julio de 1987 se inician las excavaciones del Castrejón de Capote tras dos años de prospecciones. En campañas posteriores han aparecido materiales tan antiguos como una punta de bronce de tipología "palmela". Su presencia se explica como una reutilización en época prerromana, al igual que algunos microlitos de silex y cuarzo o un par de pequeñas hachitas de piedra pulimentada.
Pero lo importante es que en el Castrejón de Capote se localiza un rico poblado prerromano que, a juzgar por los materiales recuperados, puede datarse en los siglos V y IV a. C. al inicio del I a. C.
Con este sistema defensivo adaptado al terreno, el poblado pudo estar dividido en dos recintos, por un grueso muro transversal, y longitudinalmente por una ancha calle central que articula el urbanismo. Antes de llegar al centro geográfico del asentamiento, se realizaron numerosas hogueras, en las que, además de restos óseos, se encuentran oscuras cerámicas estampilladas, hechas a mano; vasijas oxidadas a torno y frágmentos de cerámicas áticas, así como las mencionadas armas de bronce.
La Fase de Ocupación siguiente, que se extiende entrado el siglo IV hasta el II a.C., se encuentra mucho mejor documentada con un mayor desarrollo de las estructuras defensivas. La presencia de un foso de 20m. de anchura por 3,5 m. de profundidad, sirvió para reforzar las defensas del extremo abierto a la Zona "B", conformadas por torres y bastiones, de planta rectangular, unidas en una fortaleza de piedra, cuyas paredes conservan hasta nueve metros de altura.
Entre dos bastiones centrales de esta fortaleza, se sitúa una posible gran puerta , en el extremo oriental del castro. Paralelo al bastión meridional arranca un muro exterior que rodea la mitad sur de la fortaleza. Otro muro, de tres metros de anchura y macizo, une la barbacana con el bastión, alargando el efecto de "embudo" de la posible puerta principal.
En el interior destacan las construcciones y estructuras centrales ( "Altar y Depósito A" del Castrejón. Su localización en la "calle central" se relaciona con la gran concurrencia de hogueras; mientras las estancias rectangulares y alargadas, que rodean el "santuario", presentan muchas piezas de metal.
Así pues, podemos resumir que, los antiguos pobladores de Capote construyeron grandes murallas de piedra, junto a los barrancos del Sillo y Álamo, y una fortaleza, o castillo, con torres y bastidores. Además, una calle central, de orientación longitudinal, se bifurca, poco antes de alcanzar el centro del poblado, en otras dos a las que se abren casas de planta rectangular y callejones transversales. Justo en el centro del poblado se localizó una estancia singular, cerrada por tres de sus lados y abierta a lo largo del cuarto, hacia la calle. Define este departamento una gran mesa central de piedra, rodeada por bancos corridos a lo largo de los tres primeros lados referidos, que es interpretada como altar y lugar de rituales colectivos, en los que se celebraban periódicos y masivos banquetes entre los siglos IV y II a. C.
Este Nivel de Ocupación 3, aparece con sus estratos cerrados por capas de cenizas y carbones, posibles indicios de un incendio y destrucción súbita, en la que pudo saquearse el "santuario". El momento podría fecharse durante las continuas turbulencias del siglo II a.C., la fecha del 152 a.C. como tope parece oportuna, cuando los romanos vuelven de una incursión contra los Lusitanos y toman Nertóbriga.
La estancia del Altar fue amortizada con un empedrado tumular y sellada por un muro de mala construcción, que cubría incluso parte del depósito ritual, pues se esparcía hacia la calle.
Las habitaciones se presentan repletas de materiales poco removidos debido a un súbito abandono y la rápida destrucción de los techos y paredes superiores de pizarras y cuarcitas. Son abundantes los objetos de bronce relacionados con el adorno personal (broches, gargantillas, agujas y fíbulas). Grandes vasijas de almacén , ánforas, herramientas, armas, adornos y una proliferación de monedas completan la cultura material, cuyas producciones cerámicas son a torno, de acabados pulidos, con estampillados pequeños.
Los cambios arquitectónicos, la utilización del torno en la cerámica, la reaparición de la escritura, los recipientes itálicos y turdetanos y la abundancia de monedas, reflejan la existencia de un relanzamiento de las relaciones con el exterior mediterráneo, dentro de los contextos de las guerras lusitanas y los avances de la Conquista definen para la 2ª mitad del siglo II a.C.
El asentamiento debió abandonarse súbitamente acabado el siglo II a.C. Una posible toma de sus habitantes, durante las últimas campañas contra los lusitanos, la movilidad de la población y la fragilidad de las construcciones de piedra, pudieron ser las causas de la falta de un contexto fechable en plenoSiglo I a. C.
No parece ocurrir lo mismo en el recinto vecino, sobre el cerro dominante que denominamos Zona B, donde se encuentran materiales romanos en superficie y desde donde la población mantuvo aún en uso algunas de las ya ruinas de Castrejón. Cierta idea de lugar sagrado o el ánimo de apaciguar a las divinidades adoradas en este yacimiento llevó, a mediados del siglo I d. C. a realizar un acto ritual, al pie de lo que había sido puerta central.
En una pequeña foseta rectangular ( 2 x 1,6 m.) fueron depositados numerosos vasos de paredes finas, una treintena de terracotas, dos fíbulas y media docena de ases acuñados bajo Augusto y Claudio, junto a unaa pequeña hoja de laurel de oro, que formaba parte de una laurea. Una hoguera había ocupado gran parte de la superficie, en la que quemaron líquidos oleaginosos, y todo ello estaba cubierto caóticamente con piedras.
Pese a la buena calidad de los moldes originales, con tipos derivados de precedentes helenísticos, no puede negarse cierto aspecto indígena en alguna de estas terracotas.
No cabe duda que el Occidente penínsular fue una tierra de lenta romanización en la que los valores religiosos perduraron y se transformaron en las creencias del Imperio. Algo parecido pudo ocurrir en el Castrejón de Capote, donde los únicos materiales romano- imperiales "intramuros" se limitan a media docena de fragmentos de t.s. procedentes de la capa superficial del Depósito A.
El Castrejón de Capote se manifiesta , actualmente, como un interesante asentamiento prerromano cuya cultura material ratifica la rica personalidad de los pueblos sud-occidentales. Tanto sus objetos, como el hábitat, rituales e inscripciones nos muestran un contexto continental que presenta numerosos paralelos con el mundo celtibérico de la Meseta Oriental. Revelan, por último, las pautas de transformación socio-cultural de estas poblaciones, en las que el componente greco- púnico fue sustituido, paulatinamente, por la presencia romana.
En el fondo, Capote, que fue lugar conocido en el pueblo por las leyendas sobre tesoros escondidos, nos ofrece su auténtico y único tesoro en sus mismas ruinas, un verdadero valor, cultural y económico.
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