EL CASTRO CELTA DE CAPOTE

PRESENTACIÓN.

El Castrejón de Capote se encuentra ubicado en el término municipal de Higuera la Real (Badajoz), justo en el límite con Huelva y próximo a la frontera con Portugal.

Ocupa un farfallón rocoso en la confluencia de los arroyos, Sillo y Álamo. Su forma de espigón le dota de pronunciadas pendientes por tres de sus cuatro lados, lo que hace que sea un lugar de difícil acceso excepto por su extremo oriental, que lo une a un cerro a través de una estrecha franja de terreno.

Además de su topografía hay otros factores que han hecho de Capote un lugar atractivo para ser ocupado desde la Prehistoria, como la abundancia de agua, posibilidades de explotación agropecuaria y forestal del entorno, control del Sillo y Álamo, y su posición estratégica dentro de las red de antiguas vías de comunicación entre el Suroeste y el Noroeste peninsular.

Las primeras evidencias de actividad humana se remontan al periodo de la Edad del Cobre (más de 4000 años a.C.).  Posteriormente han sido documentados restos de la Edad del Bronce en su fase final, de los cuales el más significativo el la “Losa de Capote”, que presenta grabados característicos de las denominadas estelas del suroeste (s.IX a.C.). Esta pieza fue posteriormente reutilizada para practicar en ella inscripciones en una antigua escritura prerromana, propia de los pobladores de la zona durante la 1ª Edad del Hierro, dentro de una fase conocida como “periodo orientalizante” (s. VI a.C.)

Los restos que podemos contemplar en la actualidad pertenecen a un asentamiento de tipo castreño fundado posteriormente y habitado entre los siglos V-I a. C. Esta fase final de ocupación del lugar es la más representativa y la que ha dotado al Castrejón de Capote de una importancia singular, siendo el yacimiento prerromano de este tipo mejor estudiado de Extremadura.

Los trabajos arqueológicos que hoy nos permiten conocer e interpretar la historia de Capote se iniciaron en 1985 bajo la dirección del profesor  D. Luis Berrocal Rangel, sin el que nada de esto hubiera sido posible, y un equipo formado por vecinos y arqueólogos de la Universidad Autónoma de Madrid, contando con el apoyo de la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Higuera la Real. Destacan, entre las aportaciones voluntarias, las colaboraciones debidas a los profesores D. Aurelio Salguero Marín, D. Rafael Caso Amador y D. Andrés Oyola Fabián.

 

LOS CELTAS

Kelticoi, o Celtici, fueron los nombres usados por griegos y romanos para denominar a las poblaciones indígenas que ocupaban el oeste de la provincia de Badajoz, allá por los momentos previos a la conquista romana. Son, por tanto, junto a los Vettones, Lusitani y Turduli, los primeros nombres conocidos sobre los habitantes de las tierras de Extremadura.

En lo referente al grupo étnico de los “Célticos”, su denominación hace referencia, según fuentes clásicas , a una estructura social, costumbres y creencias de raigambre Hispano-celta. A su llegada ocuparon la cuenca del río Ardila y las tierras del Alentejo portugués, fundando muchos nuevos poblados entre los que estaba el Castrejón de Capote.

Estos asentamientos denominados de forma genérica “castros”, se caracterizan por situarse en lugares elevados y bien defendidos de forma natural, con un buen control visual de su entorno, generalmente apto para el aprovechamiento ganadero.

 

POBLADO ANTIGUO (400-150 a.C.)

A finales del s.V a.C. gentes pertenecientes al grupo étnico de los “Célticos” se asentaron en el lugar que hoy conocemos como Castrejón de Capote.

Las ventajosas condiciones defensivas naturales fueron reforzadas con la construcción de una sólida de muralla alrededor de todo el poblado. En el flanco este, se abriría la puerta principal flanqueada por robustos bastiones. Delante de ella excavaron un foso de unos 11m. de anchura por 3m. de profundidad, protegido por una barrera de piedras hincadas que dificultaría el acercamiento a la muralla.

Su urbanismo se articula en torno a una calle central que atraviesa el poblado de este a oeste, y a la que desembocan el resto de callejones que separan las distintas manzanas de casas.

En el centro del poblado se sitúa un pequeño santuario abierto a la calle central. Se trata de una estancia de piedra rodeada de un banco corrido adosado a la pared, con una mesa de piedra que haría las funciones de altar.

Con motivo de las guerras de conquista romanas, el poblado sufrió una destrucción violenta que provocó su abandono temporal.

POBLADO MODERNO (150-95 a.C.)

Poco tiempo después del abandono del antiguo asentamiento, el Castrejón de Capote fue reconstruido. Esta vez se reforzaron las murallas dándoles mayor altura y construyendo torres en los puntos más débiles. Los bastiones de la puerta principal aumentaron su altura, al mismo tiempo que se le adosaron dos potentes edificaciones para reforzar sus defensas. El antiguo foso y el tramo de piedras hincadas fue sustituido por un murete pequeño que precedía a la puerta principal, dificultando en acercamiento de la maquinaria de asalto enemiga.

El urbanismo del poblado se reordenó siguiendo el modelo de la etapa anterior, pero esta vez la calle central se bifurcaría en dos brazos, formando una “Y” griega.

El santuario, profanado por los romanos, nunca más fue reconstruido, permitiendo que los restos de la última ceremonia se conservaran casi “intactos”, hasta que fueran descubiertos por los arqueólogos en época reciente.

  

Este segundo poblado fue igualmente abandonado súbitamente y de forma definitiva a inicios del s.I a.C. Esta vez a causa de los enfrentamientos civiles que tuvieron como escenario el suroeste peninsular durante las Guerras Sertorianas.

 

 

CIRCUITO ETNOGRÁFICO

Resulta indudable la riqueza histórica de los restos arqueológicos del Castrejón de Capote, aunque ésta quizás está más revalorizada si cabe, por la existencia de un conjunto construcciones que reflejan las actividades económicas y modos de vida tradicionales del entorno: crianza del cerdo ibérico, trilla del grano, molinería hidráulica...

De igual manera, su indudable atractivo natural, rico en agua, fauna y exuberante flora ripícola, de bosque de fresnos jalonados de espinos navarros y acebuches.

A lo largo del recorrido podemos observar un interesante conjunto compuesto por un chozo de pastor y un grupo de cochiqueras a las que se adosan dos zahúrdas, destinadas al ganado porcino.

Además podemos encontrar vestigios que nos muestran la existencia de un molino a la orilla del río. Éste podríamos datarlo al menos en el siglo XV y fue construido en sustitución de otro semejante de época anterior. Se trata de un molino de rodezno que hace el numero 23 del “camino de los molinos”.

En el propio castro y hasta época reciente existía una era empedrada para la trilla de grano y hoy todavía puede verse una zahúrda con encerradero anejo.

 

LOCALIZACIÓN

GUIA DE INTERPRETACIÓN Y VISITA

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