EL ARCHIVO DE HIGUERA LA REAL
A todos nos gusta saber quiénes han sido nuestros padres y antepasados. De igual manera, desde hace una veintena de años, a todos los pueblos les ha entrado el deseo de saber cómo eran esos pueblos en tiempos pasados, qué personajes famosos ha habido en ellos, cuándo se construyeron los monumentos que aún perduran, ... Es decir, que todos queremos saber nuestra Historia. Aunque la Historia no se considera como una ciencia exacta como las Matemáticas o la Física, sin embargo, y en común con ellas, se tiene que basar en hechos y personajes ciertos, exactos y verdaderos. De otro modo no sería más que ciencia ficción, un cuento sin valor histórico alguno. La Historia no se puede inventar. Es preciso investigar para conocer la veracidad de los hechos. ¿Dónde hay que investigar?. En la única cantera veraz de información: Los Archivos. Como todo el mundo sabe, un Archivo es la reunión de todos los documentos generados por la misma Entidad, de tal manera que dichos documentos sean guardados, custodiados y dispuestos para que puedan ser consultados por aquellas personas que tengan necesidad o interés en ellos. Según las entidades que generan los documentos, los Archivos se pueden clasificar en varias clases: Municipales, Parroquiales, Jurídicos, Privados y un largo etc. Pero todos tienen en común que gracias a ellos se puede ver la trayectoria de dicha entidad, es decir, su Historia. A lo largo del tiempo, no todos los archivos se han conservado de la misma manera. Mientras que algunos, los menos, se han conservado enteros, la mayoría ha sufrido toda clase de desmanes y atropellos: incendios, expolios, humedades, roedores, etc., que han destruido buena parte de sus fondos. Afortunadamente, con lo que ha quedado, es posible, en la mayoría de los casos, reconstruir el pasado. Centrándonos en el Archivo Municipal de esta villa y después de haber estado en contacto con él durante mes y medio, diré que, en la actualidad, está bastante bien organizado y que es relativamente fácil encontrar en él cualquier documento. Para servir de guía a los futuros investigadores, tengo que decir que dicho archivo se divide en dos partes claramente diferenciadas: 1ª.- Desde 1592
hasta 1800 Comentaré brevemente ambas partes: La Primera parte
está formada por dos Tomos: En este tomo son de destacar los dos documentos, escritos sobre pergamino, que están colocados al principio y final del libro. Ambos se leen muy bien y están primorosamente confeccionados. El documento colocado al principio trata de “la Carta Privilegio”, por la que el rey Felipe IV concede a la “Villa de la Higuera cerca de Frexenal” la facultad de nombrar a sus propios ediles y justicias, de tal manera que quedan desvinculados de la villa de Fregenal. Está fechado en 1633. Además se marca la extensión del término municipal, que hasta ese momento no estaba especificado. Dicho favor se le concede, claro está, mediante el pago de ocho millones de maravedíes, pues no olvidemos que en estas fechas los Tercios Españoles están luchando en Europa en la Guerra de los Treinta Años y el Rey necesita dineros. El libro se cierra, como he dicho, con otro pergamino. Éste es de Felipe III, padre del anterior y está fechado en 1620. Tiene datos de gran utilidad como, por ejemplo, que la villa tiene 580 vecinos (multiplicado por 4, nos da 2320 habitantes, que es, poco más o menos, la población actual); que el jornal diario de un trabajador era de 500 maravedíes; y que el pueblo posee una extensa dehesa de Propios, que es de donde se sacan los dineros para los tributos. El Rey fija la recaudación en 284.902 maravedíes, pero el pueblo le ruega que la rebaje, pues ese año ha habido malas cosechas. Entre ambos escritos están los otros 20, que tratan temas tan variados e interesantes como el amojonamiento del término municipal (1769); un poco de la Historia de la Villa (1800); la compra y donación al Pueblo de las Alcabalas por Francisco Fernández Dávila (1650); la visita de recaudadores (1592); permiso para roturar más tierras de Propios (1617); ordenanzas reales (1615) ... En fin, que los que quieran investigar en el pasado de la Higuera, aquí pueden encontrar un buen filón. El segundo tomo trata del Primer Catastro de la Villa. Posiblemente sea una copia, para uso del pueblo, del Catastro que mandó realizar el Marqués de la Ensenada, ministro de Fernando VI, en 1750, con el fin de recaudar mejor los tributos reales. Este de aquí está fechado en 1760. Está todo manuscrito, en papel y, aunque le faltan las dos cubiertas, está completo, bien conservado y se puede leer muy bien. El interés de este tomo reside en que en él están anotados:
Este libro ha tenido gran importancia para Higuera. Ha sido muy usado como libro registro de la propiedad hasta fechas muy recientes. Tiene numerosas anotaciones en los márgenes, como resultado del cambio de dueño de las propiedades. Si alguien quiere saber qué tenían sus antepasados en el siglo XVIII, aquí lo puede encontrar. Para facilitar la búsqueda de los vecinos hay, al principio, una lista alfabética por nombres, no por apellidos como se hace en la actualidad. Dada la extensión del presente comentario sobre la primera parte del archivo, será conveniente dejar para la próxima Revista el de la segunda parte. Diré, finalmente, que el Libro Becerro se encuentra custodiado en la Alcaldía y que el Catastro está en el Archivo situado en el Edificio de la Universidad Popular. Ambos, con las debidas precauciones, pueden ser consultados por los vecinos, que , a su vez, podrán poner en común el resultado de sus investigaciones. Pedro
Robustillo Pérez EL ARCHIVO DE HIGUERA LA REAL (SEGUNDA PARTE) En una Revista anterior intenté informar sobre el Archivo Municipal en general, y de la parte antigua del mismo en particular, es decir, del contenido anterior al año 1800. En este artículo me propongo tratar sobre la segunda parte del Archivo: desde el año 1800 hasta nuestros días. Y, de paso, indicar cómo está estructurado dicho archivo, para que los futuros investigadores encuentren fácil y agradable la tarea. En esta segunda parte del Archivo hay una gran laguna:
No hay ningún
documento entre el año 1800 y 1870. Así pues, a menos que
se encuentren dichos documentos en otros sitios, que nadie vaya a buscar
nada sobre la Guerra de las naranjas, contra Portugal, en el 1801. Ni
sobre la Guerra de la Independencia, con los franceses, (1801-1814),
ni del reinado de Fernando VII (1814-1833), ni de la Regencia de María
Cristina de Borbón (1833-1840), ni de la Desamortización
(1836-1854), ni finalmente del reinado de No obstante, desde 1843 hasta 1870, hay unos curiosos libros de matrimonios, nacimientos y defunciones. En ellos están anotados todos estos actos. La importancia de dichos libros reside, a mi entender, en que están anotados los contrayentes, en el caso de los matrimonios, sus vecindades, naturalezas (localidad donde han nacido), el oficio o profesión del varón, y los padres de ambos, con sus vecindades, naturalezas, oficios y domicilios. Teniendo en cuenta que arranca desde 1843 y termina en 1870, año en que comienza el Registro Civil actual, cualquiera del pueblo puede saber quienes han sido sus antepasados, dónde vivían, qué oficio tenían y si eran originarios de Higuera o habían venido de otras localidades. Si a esto añadimos la información que di en la Revista anterior sobre la copia del catastro del Marqués de Ensenada, de 1760, dónde están inscritos todos los vecinos en dicho año, es seguro que los hijos de éstos sean los abuelos o los padres de los anotados en 1843. Así pues, se puede abrir un amplio campo de investigación para aquel que desee ampliar la lista de sus antepasados. Llegamos al año 1870. Desde este año, la documentación es muy abundante y abarca todos los campos de la actividad municipal. Ocupan el primer lugar, por su importancia. Las Actas Municipales, o Actas del Pleno, o Actas Capitulares, que por esos nombres se pueden llamar. Forman una colección de libros, todos ellos manuscritos, y que están guardados en cajas archivadoras, identificadas con el número 1 (uno), pintado en el lomo de dichas cajas, junto con los años de cada una de ellas. Las Actas Capitulares son la fuente principal de información de un municipio, pues en ellas se refleja toda la vida local. Al estar firmadas por el Alcalde, por los concejales y por el secretario, constituye el documento más fiable que puede haber. Cada tema o apunte ha sido generado por un expediente de petición de información, de reclamación, o de respuesta, etc. Dicho asunto se ha tratado en el Concejo y, o bien se haya aprobado, o se haya rechazado, siempre se ha anotado en las Actas. Las resoluciones del Concejo afectan a toda la vida local: a su organización, servicios, hacienda, bienes, obras, etc. La investigación de las Actas Capitulares siempre produce satisfacción, tanto al investigador como al público al que van dirigidas. Nos muestra como era la vida hace años y podemos compararla con la actual. Merecen ser conocidas y publicadas. Un trabajo muy interesante sería confeccionar la lista de los Alcaldes: sus nombramientos y ceses. Ahí está el tajo. La Correspondencia, tanto de entrada como de salida, ocupa el segundo lugar en importancia. Es muy abundante. Normalmente está agrupada por años. Trata de toda clase de temas y abarca desde 1875 hasta la actualidad. Dentro de la Correspondencia hay que distinguir entre el documento en sí (carta, comunicado, circular, etc.) y los resúmenes de los mismos, contenidos en los libros identificados como Registros de Entradas y Salidas de Documentos. La lectura de estos libros facilita mucho la búsqueda de los temas, que después se han de ampliar con la consulta de los documentos originales. Otros temas muy bien tratados son: Las Quintas, con la relación de los mozos alistados desde principios del siglo XX. Los Pósitos. En la actualidad están en desuso, pero han cumplido una función económica y social de suma importancia en la vida de los pueblos. La palabra “pósito” significa “puesto”, colocado, lo que se guarda. Tuvieron mucha importancia en el siglo XVIII cuando, al aumentar las cosechas agrícolas por las mejoras de las técnicas y no mejorar al mismo tiempo los transportes para dar salida a los excedentes, no había más remedio que “depositar” el sobrante en algún sitio, con el fin de poder usarlo cuando hiciera falta. Durante el siglo XIX y hasta mediados del XX, el Pósito se convirtió en una especie de Banco Rural, que prestaba a los agricultores pequeñas cantidades de dinero para que pudiera vivir hasta el mes de Agosto, es decir, hasta la recogida de la cosecha. Recogida ésta, se devolvía la cantidad al Pósito, con intereses, claro está. Las Industrias, el Comercio, los transportes, el alumbrado, alcantarillado, acometidas de agua, obras públicas, permisos para obras particulares. Todo está ahí. Elecciones de todas clases: Locales, Provinciales, Nacionales, referendos. Padrones de habitantes, con las altas y bajas de vecinos. La Hacienda es el tema más abundante, con casi un millar de libros. Están ordenados por años. Todos los ingresos y pagos están asentados en ellos. El campo para el futuro investigador es interesantísimo. El Abastecimiento, de gran importancia para el pueblo, generó gran cantidad de documentos, especialmente en los años de la postguerra y del racionamiento (1940- 1950). Había muy pocos comestibles y era preciso racionarlos. Se regulan los consumos (racionamiento), la producción (contingentación), las tiendas de comestibles y las panaderías (fiscalía de abastos). En fin, que hay que leer estos documentos para darse cuenta de lo que tenían que hacer nuestros abuelos para alimentarse y alimentarnos en aquellos tiempos llamados “del hambre”. Los cuerpos de vigilancia locales: Guardias municipales, rurales y jurados, cómo eran elegidos (hacía falta mucha recomendación y los certificados de buena conducta del Párroco y de la Guardia Civil). Lo que ganaban, sus obligaciones, las denuncias y multas que ponían y, en algunos casos, cómo eran echados del Cuerpo por mala conducta. Hay otros muchos temas, de los que sería muy largo tratar y que yo brindo a los futuros investigadores. Si con estos artículos míos he logrado despertar el “gusanillo” investigador, que todos llevamos dentro, de alguien, me daré por satisfecho.
Revista
Cultural “LA HIGUERA” Nº 6 |