24 DE AGOSTO. SAN BARTOLOMÉ. “EL DEMONIO”


El 24 de Agosto se celebra la festividad de S. Bartolomé, uno de los apóstoles, y que en esta localidad se halla ligada a las candelas desde muy antiguo y al “demonio” desde tiempos más recientes. Es nuestra intención dar a conocer esta última parte de una fiesta que en algún momento tuvo casi el matiz de estar dedicada al emigrante, no en vano se desarrolla en plenas vacaciones de numerosos paisanos.

Pero empecemos por el principio y este no es otro que el Santo. ¿Quién fue Bartolomé? Aparece en los Evangelios como uno de los apóstoles de Jesús. En calidad de tal parece ser que fue el encargado de llevar el cristianismo hacia tierras de Armenia, donde se cuenta que expulsó numerosos demonios, entre otros al de la hija de un rey, por lo que consiguió su conversión y la de su pueblo. Otras fuentes vinculan al santo con la evangelización de Arabia, Etiopía e incluso la India.

El por qué de las advocaciones y dedicatorias de templos a este santo es algo que se nos escapa, pero no podemos dejar de destacar que son numerosas las ermitas y templos que llevan su nombre en Extremadura y Andalucía. Eso, sin olvidar su patronazgo en pueblos muy cercanos: baste señalar Cumbres de S. Bartolomé o Jerez de los Caballeros.

En cuando a la imagen que tenemos en Higuera la Real y que ocupa la hornacina central del retablo mayor de la iglesia “del Señor”, procede de la antigua ermita de S. Bartolomé o del Sto. Cristo de la Humildad, situada en lo que conocemos como la Glorieta. Es encargada por el mayordomo de aquella ermita en 1583 al escultor y pintor de Zafra, Antonio Florentino que ha de “realizarla en madera de nogal, dorada y con el demonio a los pies”, en pago de lo cual recibiría 44 ducados. Es una pieza notable que hace algunos años formó parte de la exposición “Extremadura, fragmentos de identidad”, concretamente en Don Benito.

Pasemos ahora a desarrollar lo que es la fiesta en sí. Habla D. Francisco Tejada Vizuete de “...Esta fiesta tradicional...” y ello nos hace pensar que de siempre tuvo raigambre en el pueblo, habiendo distintos tipos de celebraciones o cultos. Testimonios orales nos relatan la celebración a principios del siglo XX de Triduos en honor de S. Bartolomé, pero carecemos de documentos que así lo acrediten. Es, sin duda, el hecho de las candelas el que centra en la tradición esta festividad. Las personas mayores así lo atestiguan: al oscurecer del día 24 se solía, y afirmamos esto porque ya ha desaparecido, lamentablemente, encender hogueras en distintos puntos de la localidad: plazoleta del Loreto, Altozano, etc. El que esto suscribe, recuerda el salto de jóvenes y niños sobre las llamas hechas a base de pastos rebañados en los rastrojos próximos, de cartones y tablas que eran los combustibles básicos de entonces. Y no puede dejar de recordar el revuelo de chispas y brasas que se formaba, y también algún que otro encontronazo sobre las llamas de aquellos que osaban saltar sobre ellas cuando comenzaban a apaciguarse.

Sucede entonces que una noche de Agosto de 1979, el cura D. Antonio y algunos amigos más, entre ellos Pepe Gómez, observan alguna candela y ven que aquello se va perdiendo, por lo que deciden que hay que hacer algo, al mismo tiempo que piensan en los emigrantes. Será al año siguiente cuando se pongan manos a la obra. Ha nacido la verbena de S. Bartolomé y el “demonio”.

La celebración del día de S. Bartolomé cuenta en sí con dos momentos importantes, en los que el “demonio” adquiere el máximo protagonismo: a las 12 del mediodía una o dos personas, normalmente son monaguillos, disfrazadas al efecto y apenas contenidos por el cura, recorren diversas calles del pueblo. Parten desde la iglesia del titular y entre escobazos, carreras, sustos y contención del sacerdote, hacen un recorrido de unos 45 minutos, sembrando el miedo en rostro de niños y otros que no lo son tanto. Su vestido rojo, su careta, sus cuernos, sus escobazos, dan lugar a escenas cuando menos simpáticas, aunque la gente menuda lo pase mal a veces. Y es que como dice la propaganda del acontecimiento, “el demonio anda suelto”. Tras el recorrido los pequeños diablos se recogen en su lugar de origen y habrá que esperar hasta la noche para dar paso a la segunda parte de los actos.

La medianoche del 24 al 25 marca el otro punto álgido de los acontecimientos: un monigote, de aspecto terrorífico para algunos, hecho por P. Gómez con materiales altamente inflamables, desciende desde las cornisas del templo (así fue en los primeros años) o desde el campanario (como sucede en los últimos tiempos), deslizándose por un alambre hasta pararse sobre la hoguera que se ha hecho previamente y que será la que prenda en los pies y ropas de Satanás para quemarse rápidamente. Son apenas unos minutos los que tarda en consumirse el dicho monigote. Este no es otra cosa que un “mono” o traje viejo relleno de espuma, con un armazón de alambre que lo mantiene más o menos rígido. Sus ojos los forman dos puntos de luz y junto a la cabellera larga y su aspecto feroz no deja de impresionar al que lo ve de cerca.

Este es, en síntesis el desarrollo de esta fiesta que desde hace ya más de veinte años se celebra allá a finales de agosto, aunque eso sí, hemos de hacer notar que cuando el día 24 no coincide en sábado se translada los actos al fin de semana más próximo a esa fecha, por lo que suele coincidir en la mayoría de los casos con el último fin de semana de agosto. Hemos de hacer constar que en los primeros años, aquellos en que había un mayor espíritu de colaboración, se celebraba una verbena popular en esa noche del sábado. Comenzó siendo con una dedicación especial para los emigrantes y en alguna ocasión también se destinó a recaudar fondos para la Cabalgata de Reyes. Tanto en uno como en otro caso, grupos de voluntarios aportaban su trabajo en la barra del bar y en el servicio de las mesas, y otras personas entregaban tortillas y otros comestibles, a fin de aumentar los ingresos. Poco a poco este sistema fue cayendo en el abandono y aunque la barra ha sido regentada por profesionales en algunas ocasiones, hace ya varios años que la verbena no se celebra limitándose la noche a la quema ya relatada.

Lo normal en dicho acto era que tras la misa que se celebra en la Iglesia en honor al Santo, y después de quemar al demonio, comenzase la actuación de alguna orquesta, contratada para amenizar la velada. Poco a poco se animaba la noche y podía casi llegar a hacerse de día como sucedió, de hecho, en alguna ocasión.

Este es el relato de cómo se inició una fiesta un tanto especial para nosotros, los higuereños. Algo que se improvisó y que sirvió para enlazar una vieja costumbre o tradición con un espíritu nuevo, de más actualidad y alegría. “El diablo anda suelto”, pero sólo, por unas horas y al final S. Bartolomé conseguirá vencerlo y en ello podemos ver la lucha entre las fuerzas del bien y del mal, de la sombra y la luz...

Para finalizar, hemos pedido, a modo de despedida, unas palabras a D. Antonio Herrera, el cura, para que nos describiera su visión del mismo: “Es una fiesta tan excepcional, tan espectacular y popular que quizás sea una de las pocas de los pueblos y ciudades. Es una fiesta entre la ilusión y el recelo, alegría y temor, valentía y miedo. Por eso es una fiesta propia de los niños que acompañan al demonio, corriendo por la calle entre la algarabía de gritos y voces y algún escobazo”


José Ruiz Romero
Revista Cultural “LA HIGUERA” Nº 7